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Recursos humanos y pymes, una historia de amor y odio

Cuando estudiaba Sociología en tercero de Empresariales, el profesor, que trabajaba en una gran empresa, y además grande de tamaño, nos comentó que si queríamos estar a gusto eligiéramos a una pyme para trabajar. Las relaciones eran más directas, cercanas y humanas. Otra cosa sería el dinero que podríamos llegar a ganar y la carrera profesional que podríamos tener.

La jungla de la gran empresa.

Cuestión de filosofía de vida. Es cierto que en una gran empresa las materias de personal acaban convirtiéndose en una jungla. Que hay muchas conversaciones de pasillo, negociaciones por detrás de la mesa y trato despersonalizado. Que nos convertimos en números de forma irremediable salvo en contadas etapas de nuestra vida profesional, aceptémoslo así porque así terminará siendo.

Pero no hay que preocuparse por esto, sólo hay que tenerlo en cuenta cuando vayamos a hacer nuestros planteamientos vitales de forma que no nos coja por sorpresa y sepamos sobrellevarlo.

A estas alturas de nuestra historia empresarial, ya hemos visto la evolución de las teorías de recursos humanos que han incorporado conceptos como motivación, liderazgo o team building, hemos visto la creación de departamentos de desarrollo profesional y hemos visto que se ha dejado de hablar de recursos humanos para hablar de personas, lo que ha mejorado sin duda la convivencia en las grandes empresas.

Tengo que reconocer que esto ha funcionado en muchos momentos y lo digo con conocimiento de causa porque yo he estado inmerso en algunas de estas vorágines durante varios años. Pero funcionó mientras había vacas gordas. Cuando vinieron los problemas de nuestra Economía y también, y sobre todo, los resultados de la deficiente gestión de muchas empresas, se ha vuelto a ver la parte más cruda de la gestión de personal.

Y después de una crisis, ¿qué?

Ahora que la Economía parece que se está estabilizando y que, después de mucho esfuerzo que esperemos no se malogre, sea probable que empiece a recuperarse, seguro que tendremos el firme propósito de que esto no vuelva a ocurrir. De acuerdo, lo intentaremos. Pondremos todo lo que sea de nuestra parte pero les digo una cosa… ¡ocurrirá de nuevo! Porque la Economía es cíclica. Y de lo que se trata es de aprender de estas situaciones para estar mejor preparados en la siguiente. Además, como contamos con que seguirá existiendo la ambición desmedida de algunas personas en el mundo, de las mismas o de otras nuevas, es evidente que volverá a ocurrir.

Pasa lo mismo que con las catástrofes naturales. Un terremoto es algo estremecedor y puede dejar una inmensa devastación. Cuando sucede pensamos que ya pasó y que no volverá a ocurrir… pero no es así, ocurre de nuevo porque las leyes de la naturaleza fueron las que copió la ciencia económica. En Japón, que saben mucho de terremotos, lo entendieron así hace muchos años. Ellos saben que tarde o temprano tendrán otro seísmo. Por eso tienen las construcciones más resistentes. En la Economía debemos hacer lo mismo: volverá a darse una crisis y, tal como se desarrollan los ciclos, será mayor que la que todavía vivimos, pero deberemos tener empresas más resistentes.

Sabiendo esto y siendo conscientes de ello, deberíamos trabajar para que nuestras empresas fueran más sólidas, para que tuvieran una mayor capitalización, más reservas bien invertidas, con posibilidad de autofinanciación para crecer aunque el ritmo fuera menor y, sobre todo, con un menor endeudamiento asfixiante. Esto es lo importante, la prudencia en la realización de los negocios, el cambio de la ambición por la satisfacción. Estas claves nos darán un futuro cierto real en lugar de la quimera empresarial de burbuja de los últimos años.

Pero aún nos queda hablar de qué pasa con las pequeñas y medianas empresas.

¿Y en las pymes qué pasa con los recursos humanos?

Todo hace parecer que las cosas son diferentes en las pymes, según decía aquel profesor de sociología de la empresa que tuve. Pero nada más lejos de la realidad. En algunas puede que se viva mejor disfrutando de la cercanía personal y del trabajo en equipo. Pero en la mayoría puede ser incluso peor que en la gran empresa.

Quizá se identifique con alguna de estas situaciones si es usted el empresario:

  • Sus trabajadores no se implican en el trabajo y parece que les da igual.
  • El ritmo de trabajo no es el adecuado para que la empresa progrese.
  • Siempre existe reivindicación de salario pero no existe correspondencia con el trabajo que se realiza.
  • Nadie aporta nuevas ideas para mejorar y se limitan a la rutina.
  • Cualquier cosa que se salga de lo normal en horario o tipo de trabajo supone un problema.
  • Cuando se es benevolente, por ejemplo con el horario de entrada, esto se convierte en un derecho adquirido y si se exige o incluso sólo se pide que se entre a la hora establecida se genera malestar.

Pero si es el trabajador, quizás se identifique con estas:

  • El jefe no cuenta con las opiniones de los trabajadores.
  • No sabemos qué es lo que se pretende en el negocio, por lo que no se puede aportar nada y en muchas ocasiones no sabemos qué hacer.
  • No se reconoce nuestra labor ni para tener un agradecimiento verbal.
  • No tenemos ningún tipo de incentivo para mejorar en el trabajo.
  • Las relaciones entre los compañeros no son las mejores y el jefe no hace nada.
  • No tenemos certeza del tiempo que podemos trabajar aquí.

Tanto si el lector de este artículo es el empresario como si es el trabajador, quizás se identifique con alguna, o con más de una, de estas situaciones. Pues bien, esto es lo que ocurre en la gran empresa y para lo que se han desarrollado estas disciplinas y departamentos de los que hablamos antes.

Por lo tanto, en las pymes también pasan estas cosas, también hay falta de entendimiento y de comunicación, también existen problemas de valoración de los unos hacia los otros, con la diferencia de que, mientras en la gran empresa se ha intentado poner remedio en algunas etapas, en las pymes normalmente no se hace nada.

¿Podemos cambiar la situación de las pymes?

Por supuesto, podemos y debemos porque de lo contrario se daría la posibilidad de llegar a situaciones tan graves como incomprensibles que llevarían a la empresa a su ruina. Pensemos que el servicio que prestamos depende de los trabajadores que tenemos y que si ocurren estas cosas que hemos enumerado, difícilmente podremos estar dando un buen servicio y si esto es así, no duraremos mucho.

Podemos pensar que la gran empresa tiene muchos recursos para consultores que resuelvan estos temas y que esto no está al alcance de las pequeñas. Pero el mercado ha cambiado radicalmente y ya existen muchos profesionales que pueden ayudar a las pymes a costes razonables. Y este coste puede suponer la mejor inversión de una pyme, ya que supone la potenciación de su recurso básico, aquél sin el que no se puede funcionar.

Necesitaremos fomentar la comunicación en la pyme, mejorar las capacidades de los trabajadores, tener un sistema de reconocimiento del trabajo bien hecho (pecuniario o no), sistematizar las operaciones para que todos sepan cuál es su función y dominen lo que hacen, etc.

De esta forma tendremos una empresa más sólida y mejor constituida. Preparada para afrontar cualquier reto del mercado y dispuesta a crecer.

Si usted es un empresario preocupado por estos temas siga nuestra publicación, donde periódicamente escribiremos artículos sobre estos temas y muchos otros de interés para su negocio. No olvide que estos problemas pueden llegar a convertirse en verdaderas oportunidades de futuro.

Publicado por Manuel Zúñiga Hita – Socio Director de Manzuh.