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Negocios

Cuando estudiaba Sociología en tercero de Empresariales, el profesor, que trabajaba en una gran empresa, y además grande de tamaño, nos comentó que si queríamos estar a gusto eligiéramos a una pyme para trabajar. Las relaciones eran más directas, cercanas y humanas. Otra cosa sería el dinero que podríamos llegar a ganar y la carrera profesional que podríamos tener.

Al pequeño empresario puede parecerle una complicación innecesaria. Puede pensar que su negocio es demasiado pequeño como para tener que hacer este proceso de reflexión que supone el presupuesto. Quizás piense que “todo está en su cabeza” y que lo controla sin muchos problemas. O que todo irá bien “dejando ir” el negocio a su ritmo y asumiendo los cambios que se vayan produciendo en su día a día y en la economía en general.

La automotivación es el motor más fuerte de desarrollo para las empresas y también para las personas. Los trabajadores deben alentarla y los empresarios no deben obstaculizarla y, sin embargo, en los dos grupos se dan fuerzas en contra de esta forma de tomarse el trabajo, y la vida, que podría elevar de forma sustancial nuestra productividad y también nuestra satisfacción.

Es este un tema en la doctrina empresarial que parece que no tiene discusión: Los objetivos son necesarios en cualquier caso si queremos llevar adelante los negocios con un mínimo de confianza y seguridad y tener proyección en los mismos para afrontar el futuro con garantía.