629 589 536 - info@manzuh.com

 

Automotivación ¿mito o realidad?

La automotivación es el motor más fuerte de desarrollo para las empresas y también para las personas. Los trabajadores deben alentarla y los empresarios no deben obstaculizarla y, sin embargo, en los dos grupos se dan fuerzas en contra de esta forma de tomarse el trabajo, y la vida, que podría elevar de forma sustancial nuestra productividad y también nuestra satisfacción.

Tres preguntas clave

La primera es la siguiente: ¿Puedo hacer mejor mi trabajo? La curiosidad y la mejora están en la base de nuestra vida como seres humanos. Aunque sea sin querer, siempre nos estamos haciendo internamente esta pregunta en todos los aspectos de nuestra vida. Intentamos cambiar para mejorar. Vivir mejor, de forma más cómoda, significa ser más eficiente en todo lo que hacemos… en el trabajo también. Así, tendremos personas con una disposición natural a investigar y “meterse en problemas” mientras que otras optarán por la continuidad y la rutina absoluta hasta rozar el aburrimiento.

Pero la siguiente, que es: ¿Tengo posibilidad de hacerlo? es algo más delicada. Muchas veces, por mucho que nos empeñemos, no podremos disponer de los recursos que necesitamos, pero podremos comprobar que, en múltiples ocasiones, todo dependerá del esfuerzo y ganas que le pongamos y prácticamente no tendremos limitaciones para la mejora.

Nos planteamos ahora la tercera pregunta: ¿Qué gano yo con esto? Y solemos derivar aquí hacia el aspecto económico como si fuera lo único que existiera en la vida. Si el plato de lentejas no está más lleno después del esfuerzo para mejorar, éste habrá sido en vano. Y es aquí donde está la diferencia de esta filosofía de vida de la automotivación; no todo se reduce al aspecto económico. Es posible obtener una satisfacción de la mejora, que nos haga sentir más realizados de forma independiente a la ganancia económica.

Después de tantos años en la empresa… una patada y a la calle.

Supongo que muchas personas de las que lean este artículo conocerán esta situación, muchas de ellas en sus propias carnes. Pero apliquemos las preguntas anteriores. Esto supone cuestionarnos si todo lo que hacemos en la empresa SÓLO es bueno para la empresa. La motivación, las miles de horas trabajadas (muchas fuera del horario oficial), los trabajos bien hechos, los disgustos pasados, algunas frustraciones y malos ratos, las relaciones difíciles con las demás personas de la organización… En fin, lo que suele ser la vida en la empresa… ¿sólo es bueno para la empresa? ¿Sólo la empresa gana con todo esto? ¿Nosotros no sacamos nada?

Yo creo que sí, y mucho más que la propia empresa. Porque la empresa sólo obtiene cosas tangibles que se pueden valorar en dinero. Pero por muchas cosas que acumulen, hemos visto ya alguna que otra quiebra que deja a una empresa en nada. El trabajador que hace bien su tarea (y que beneficia a su empresa por supuesto) además de su sueldo obtiene un intangible: su experiencia acumulada en el proceso, su satisfacción personal, es decir, la mejora de su propia persona. Y este intangible nadie nos lo va a quitar aunque estemos en la ruina, es parte de nosotros y parte de lo que nos posibilitará seguir adelante, un escalón más que ha contribuido a que seamos lo que somos en cada momento.

Se trata de un patrimonio personal e intransferible pero que podemos compartir con los demás, que podemos poner a producir para otra empresa o, sobre todo y siempre, para nosotros mismos.

Las cosas que hayamos hecho en los años que pertenecimos a una u otra organización, no nos las tiene que agradecer otro que nosotros mismos, que habremos andado un camino que nos trajo hasta donde estamos a base de mejorar momento a momento. Por lo tanto, no debe haber lugar para las lamentaciones porque nosotros, si hemos sido correctos, llevamos más de lo que la empresa se queda y eso nadie nos lo puede quitar.

En las artes marciales siempre se le está agradecido al contrincante porque nos enseña dónde tenemos defectos y nos ayuda a mejorar. De la misma forma, en nuestra vida profesional debemos estar agradecidos incluso a aquellos que nos lo han hecho pasar mal porque seremos más fuertes tras haber superado los retos. Tendremos más experiencia y seremos personas más completas.

¿Cómo usamos la automotivación?

No se trata de pensar ahora sólo en nosotros sin tener en cuenta las empresas y organizaciones en las que trabajemos o las personas o equipos con quienes nos toque colaborar. Se trata de que hagamos la mejor de nuestras aportaciones en cada momento que vivamos y que sepamos valorarla por lo que significa para nosotros y no sólo para quien se vaya a beneficiar.

Es importante que valoremos nuestro aprendizaje, nuestra capacidad de colaboración, que aprendamos de los fracasos y disfrutemos de los éxitos y que tengamos en cuenta que todos forman parte de nuestro bagaje personal. Que sepamos que todo esto nos hace ser más fuertes y estar más preparados para afrontar nuevos y mayores retos. Y que este devenir es lo fundamental en la vida porque como alguien dijo alguna vez “lo único que permanece es el cambio”.

Pero, para todo esto, es imprescindible mantener una permanente actitud de curiosidad, de ganas por aprender todo lo que pasa a nuestro alrededor, de evolución y mejora permanentes. De lo contrario, nos convertiremos en alguien que se conforma con estar en un sitio y aportar lo mínimo. En alguien que va a cobrar pero no se va a enriquecer. En alguien que al final si tendrá motivos para la lamentación.

Huyamos de esta figura y de aquellos derrotistas que la fomentan. Los que piden que realicemos el esfuerzo justo en nuestro puesto de trabajo, los que piensan siempre que están infravalorados y se escudan en esto para no trabajar, los que vociferan sobre los problemas pero nunca han aportado ni una sola solución.

Sigamos el camino del esfuerzo, de la disciplina y de la recompensa personal. Solo este camino nos traerá beneficios de todo tipo, incluso los económicos que todo el mundo ansía.

Publicado por Manuel Zúñiga Hita – Socio Director de Manzuh.